"Cuando asaltaban las aldeas, lo primero que hacían los soldados del
Ejército de Resistencia del Señor era saquear nuestras parroquias y
robarnos los paneles solares y las emisoras de radio, que luego usaban
para comunicarse entre ellos". El ex misionero José Carlos Rodríguez Soto,
que fue elegido como uno de los mediadores en las conversaciones de paz
de 2003 entre el Gobierno de Uganda y la milicia enloquecida de Kony
(Lord Resistance Army o LRA), es probablemente el único español que ha
hablado con este señor de la guerra y uno de los que mejor conocen su
perfil y trayectoria sangrienta trufada de leyendas. "Después, cuando
encendíamos la emisora que teníamos en la diócesis le escuchábamos al
otro lado, usando nuestra misma frecuencia, dando órdenes de un sadismo
atroz, ordenando más masacres o felicitando a sus comandantes por los
crímenes del día".
La figura de Joseph Kony, publicitada ahora por la http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/08/solidaridad/1331200870.html
(cuyo vídeo lleva registradas más de 60 millones de visitas), ha
servido para hacer famoso a un criminal con un currículo conocido desde
hace décadas en África. Pero el fenómeno de YouTube también contribuye a
mitificarlo y simplificarlo, cuando su biografía está cargada de
matices. "No es ningún tonto, es un superviviente nato y un experto manipulador de mentes", dice Rodríguez Soto a EL MUNDO.
"Kony es como una montaña rusa. Te habla como un amigo, pero cinco
minutos después te está amenazando de muerte". El ex misionero pudo
dirigirse personalmente a él durante unos minutos con una de esas
emisoras de radio, pero su impronta quedará grabada en su memoria para
siempre: "Era un caradura que pretendía controlar a la población por
medio del terror. Nunca olvidaré su voz al otro lado". Su número tres
justificaba las matanzas como castigo hacia la población civil alegando
que "Israel también purificó a su pueblo gracias a la guerra" y el rapto de mujeres con la excusa de que "Salomón tenía 60 esposas".
"Hay cosas dichas sobre Kony que no son verdad",
advierte Rodríguez Soto. "Nunca fue sacerdote ni catequista. Su padre en
cambio sí lo fue. Él procede de una familia de brujos y hechiceros". De
hecho, sus colaboradores lo llaman El chamán del Nilo o El profeta.
"Tampoco es cierto que sea fundamentalista cristiano, como se ha dicho,
porque aunque usa la Biblia toma aspectos del islam, como no beber
alcohol o no comer carne de cerdo. A quien bebía o tenía un cerdo lo
mataba", recuerda. Su guerrilla mesiánica, compuesta por niños a los que
manipula el cerebro hasta convertirlos en máquinas de matar, es ya la
más longeva de África.
El periodista argentino Hernán Zin lleva tres años
tras la pista de Kony. Ha entrevistado a muchas de sus víctimas, incluso
a una de sus 80 esposas, y ha viajado a varias de las regiones por las
que se movía o se mueve: "Su figura está mitificada, pero su existencia
como guerrillero es fruto de un conflicto étnico muy complejo". Como de
costumbre, en África las cosas no son blancas o negras.
Como otros señores de la guerra, Kony es hijo de un sentimiento de
venganza: el de la etnia acholi contra los desmanes del Gobierno de
Uganda. El Ejecutivo de Kampala favorecía los intereses de las etnias
bantúes, que también eran las preferidas de los colonos ingleses. La
frustración de los discriminados acholi está condensada en las figuras
del presidente Museveni y del anterior dirigente ugandés, el genocida Idi Amin,
un desequilibrado que ordenó la muerte de entre 300.000 y 500.000
personas y que se denominaba "señor de todas las Bestias de la Tierra y
Peces del Mar y Conquistador del Imperio Británico en África en general y
en Uganda en particular y último rey de Escocia".
En esa salsa de crímenes de guerra sin fin y secuestro y uso de niños
soldado por todos los bandos, Kony ha ido más allá: ha llevado el credo
de la fundadora del movimiento y hechicera Alice Lakwena
a una locura sin fin en la que los 10 mandamientos se mezclan con magia
negra. "Cuando conversaba con él por radio, me decía que tenía que
hablar con el Espíritu Santo para tomar decisiones", recuerda Rodríguez
Soto.
Kony, al que se le adjudican más de 10.000 muertos y 40.000
secuestros de niños soldado en Uganda, Congo, Sudán del Sur y República
Centroafricana, también ha tenido sus patrocinadores, como
recuerda Zin: "Con su armamento, el Gobierno islamista de Sudán lo
convirtió en un peón de una guerra fría africana. Hay fuentes que
admiten que hasta tenía una casa en Jartúm". Además, entre su propia
etnia acholi "hay muchos a los que le cuesta criticarle e incluso le
apoyan porque Kony siempre ha presumido de defender a su pueblo, a pesar
de que los suyos son sus principales víctimas".
Después de miles de asesinatos, violaciones, secuestros (con épocas
de 100 niños reclutados al día) y mutilaciones horrendas, Kony sobrevive
ya sin apoyos en las selvas entre Congo y República Centroafricana,
donde se esconde con 300 fieles. La paz entre Sudán y Sudán del Sur en
2006 lo dejó sin aliados. A pesar de todo, "él y los suyos se mantienen
en forma, la vida en la selva no los ha desgastado. Yo siempre los veía
con un aspecto sano", dice el religioso Rodríguez Soto.
Alberto Cristina, responsable de Médicos sin
Fronteras en República Centroafricana y Sudán del Sur, con proyectos en
zonas afectadas por ataques del LRA, ha visto los efectos de sus
crímenes sobre la población civil: "Atacan, saquean, mutilan y se
protegen en tierra de nadie, con toda la impunidad del mundo. En Dungu
(Congo) estamos tratando mutilaciones nunca vistas en otras zonas".
Además, se enfrentan a un desafío que no conocen en otras zonas con
grupos armados: "Generalmente tenemos conversaciones con milicias de
toda índole para que nos dejen desarrollar nuestro trabajo humanitario
de manera neutral. Con el Ejército de Resistencia del Señor es
imposible. No existe un interlocutor ni un respeto por nuestra labor".
Rodríguez Soto no cree que lo vayan a capturar con facilidad: "Conoce
bien la selva, él y sus hombres son capaces de caminar a razón de 60
kilómetros al día y mató a su número dos por usar móviles que podían
facilitar su posición". Ahora, como Filípides en la batalla de Maratón, utiliza mensajeros a pie.
O regresa a la radio, pero en clave. "Es un tipo obsesionado con su
seguridad, hasta el punto de asegurarse que todas sus esposas han pasado
la prueba del VIH para que no le contagien". Si ha sorteado con éxito a
varios ejércitos regulares, a decenas de asesores militares de EEUU y a
los rigores de la jungla, "no dejará que le mate el SIDA".