Recebi agora a pouco por e-mail... Olavo certo de novo.
Una Autoridad Mundial sobre el ClimaJOSÉ IGNACIO TORREBLANCA
La cumbre de Copenhague era la última oportunidad que los casi 200 Estados que forman la comunidad internacional tenían de demostrar que podían ser parte de la solución al problema del calentamiento global. Lamentablemente, después de lo visto en Copenhague, se ha puesto de manifiesto que los Estados son una gran parte del problema. Ha llegado pues el momento de dar un salto cualitativo y comenzar a pensar en cómo expropiarles de la capacidad de decidir acerca del futuro del planeta.
Sólo tenemos un planeta, pero lo gestionamos mediante un sistema caduco llamado soberanía
Suena revolucionario pero no hay que alarmarse: en el fondo, la política sólo consiste en decidir cuánta autoridad queremos asignar a qué nivel para resolver qué problemas. Para los políticos, la política es el arte de lo posible, pero para los politólogos la política no es olfato, sino ciencia. Y si algo sabemos es que los diseños institucionales importan, es decir, que las posibilidades de resolver los problemas están íntimamente ligadas a los mecanismos que utilicemos para tratar de solventarlos. El Estado español ha renunciado a emitir su propia moneda, delegando esa competencia en una autoridad monetaria supranacional: gracias a que el Gobierno no puede darle a la máquina de fabricar billetes para salir de la crisis, la crisis no es más grave aún.
Una Autoridad Mundial sobre el ClimaJOSÉ IGNACIO TORREBLANCA
La cumbre de Copenhague era la última oportunidad que los casi 200 Estados que forman la comunidad internacional tenían de demostrar que podían ser parte de la solución al problema del calentamiento global. Lamentablemente, después de lo visto en Copenhague, se ha puesto de manifiesto que los Estados son una gran parte del problema. Ha llegado pues el momento de dar un salto cualitativo y comenzar a pensar en cómo expropiarles de la capacidad de decidir acerca del futuro del planeta.
Sólo tenemos un planeta, pero lo gestionamos mediante un sistema caduco llamado soberanía
Suena revolucionario pero no hay que alarmarse: en el fondo, la política sólo consiste en decidir cuánta autoridad queremos asignar a qué nivel para resolver qué problemas. Para los políticos, la política es el arte de lo posible, pero para los politólogos la política no es olfato, sino ciencia. Y si algo sabemos es que los diseños institucionales importan, es decir, que las posibilidades de resolver los problemas están íntimamente ligadas a los mecanismos que utilicemos para tratar de solventarlos. El Estado español ha renunciado a emitir su propia moneda, delegando esa competencia en una autoridad monetaria supranacional: gracias a que el Gobierno no puede darle a la máquina de fabricar billetes para salir de la crisis, la crisis no es más grave aún.