RUSIA
La Doctrina Putin
Por Charles Krauthammer
El presidente –por no decir el padrino– de Rusia ha pronunciado un discurso en Múnich que ha fijado un nuevo patrón de antiamericanismo. No sólo ha acusado a EEUU de "sobreutilizar la fuerza", "despreciar los principios básicos del Derecho Internacional" y "sobrepasar sus fronteras nacionales (...) con las medidas económicas, educativas y políticas que impone a otras naciones", también ha denunciado que la proliferación de armas de destrucción masiva, que EEUU y sus aliados han estado combatiendo pese a la resistencia rusa, se debe a la "dominación" americana, que "alienta irremediablemente" a otros países a adquirirlas.
Tiene gracia, que critique el uso de la fuerza quien ha convertido Chechenia en una escombrera incandescente; que invoque el Derecho Internacional quien no ha consentido que Scotland Yard interrogue a los matones empapados en polonio de los que ésta sospecha asesinaron a Alexander Litvinenko (otro más de los opositores de Putin que muere antes de tiempo y en circunstancias no aclaradas); que hable de acoso a otros países quien ha llegado a cortar el suministro energético a Ucrania, Georgia y Bielorrusia para que cedan a su extorsión política y económica.
Menos gracia tiene, sin embargo, el significado del discurso de Múnich. Rusia vuelve por sus fueros. Ahora que le llueve el dinero procedente del gas y el petróleo, que ha consolidado su autoridad dictatorial en casa y hecho capitular a las compañías (nacionales y extranjeras) a las que había secuestrado activos, Putin profiere su más enérgica declaración en el sentido de que la Rusia postsoviética se dispone a reafirmar su posición en el escenario mundial.
La Doctrina Putin
Por Charles Krauthammer
El presidente –por no decir el padrino– de Rusia ha pronunciado un discurso en Múnich que ha fijado un nuevo patrón de antiamericanismo. No sólo ha acusado a EEUU de "sobreutilizar la fuerza", "despreciar los principios básicos del Derecho Internacional" y "sobrepasar sus fronteras nacionales (...) con las medidas económicas, educativas y políticas que impone a otras naciones", también ha denunciado que la proliferación de armas de destrucción masiva, que EEUU y sus aliados han estado combatiendo pese a la resistencia rusa, se debe a la "dominación" americana, que "alienta irremediablemente" a otros países a adquirirlas.
Tiene gracia, que critique el uso de la fuerza quien ha convertido Chechenia en una escombrera incandescente; que invoque el Derecho Internacional quien no ha consentido que Scotland Yard interrogue a los matones empapados en polonio de los que ésta sospecha asesinaron a Alexander Litvinenko (otro más de los opositores de Putin que muere antes de tiempo y en circunstancias no aclaradas); que hable de acoso a otros países quien ha llegado a cortar el suministro energético a Ucrania, Georgia y Bielorrusia para que cedan a su extorsión política y económica.
Menos gracia tiene, sin embargo, el significado del discurso de Múnich. Rusia vuelve por sus fueros. Ahora que le llueve el dinero procedente del gas y el petróleo, que ha consolidado su autoridad dictatorial en casa y hecho capitular a las compañías (nacionales y extranjeras) a las que había secuestrado activos, Putin profiere su más enérgica declaración en el sentido de que la Rusia postsoviética se dispone a reafirmar su posición en el escenario mundial.